Cuentanos aquí tu historia como vecino. Quizás llevas viviendo toda la vida en el barrio y puedes compartir tus recuerdos, o tu visión de como ha evolucionado.
Tal vez eres un nuevo vecino, que acaba de llegar, que aún no conoce el barrio ni su historia, pero seguro tienes una opinión sobre el mismo, sobre como te ha acogido,...
O simplemente no te sientes ni un nuevo, ni un viejo vecino, pero sí parte de este barrio. Si solo has estado de paso alguna vez, o por un tiempo, también formas parte de la historia. Cuentanosla y hazte protagonista.
Unas pequeñas intrucciones para los menos familiarizados con las nuevas tecnologías:
Pincha sobre este POST , arriba en el título, y te aparecerá la posibilidad de dejar tú comentario, para ello solo tendrás que poner un link (nombre que puede ser el tuyo u otro) y un correo electrónico.En cuanto nos llegue lo pubicaremos.

Kollontay
19 oct 2008 | 12:56 PM
Mi relación con La Calzada viene de lejos, al menos en lo relativo de mi vida, son unos cuantos años, casi 11 ya.
Comencé trabajando allí en el 97 y en pocos meses me traslade a una cada de alquiler pequeña y húmeda que compartía con dos energúmenos, con los que por circunstancias de la vida no mantengo mucho contacto, pero a los que sin duda, y sin entender muy bien porque, sigo apreciando de manera asombrosa.
Solo 9 meses duró mi relación como vecina, ¡y que 9 meses más intensos! Casi, casi como los de un embarazo de verdad. Por la cantidad de cambios y vivencias que experimenté claro está.
Viví en una casa de locura, llena de gente todo el día, había allí más transito que en la M30. Cuando unos íbamos a trabajar otros llegaban a dormir, había todo tipo de visitas, acogíamos a refugiados, huidos de sus casas paternas sobre todo,…
Vivíamos junto a dos adorables señoras mayores, eran hermanas creo, la típica historia de solteras que acaban viviendo juntas para hacerse compañía en la vejez. Me pregunto que habrá sido de ellas, si seguirán vivas.
Pobres, se volvían un poco locas con nosotros. “¿Cuántos vivís ahí?” me preguntaron una vez que me toparon en el portal. Claro, no podían saberlo con seguridad, aunque sinceramente yo tampoco.
Lo mejor fue cuando me preguntaron por mi marido, ellas entendieron que si yo , una mujer, vivía rodeada de hombres, alguno debía ser mi marido ¿no?. Pues no, la verdad, pero para que iba yo a disgustar a aquellas buenas ancianitas, así que les seguí la corriente. Cuando días después se lo conté a mi supuesto marido, él me confirmó que en su caso, había hablado con las vecinitas de su maravillosa prima.
Por supuesto a los 9 meses rompí aguas y tuve que huir de aquella locura, pero La Calzada se quedó en mi corazón ya para siempre y sigo viniendo a visitarla de lunes a viernes.
Javier Orozco Peñaranda
24 oct 2008 | 12:16 PM
Colectivo de Colombianos refugiados y residentes en La Calzada.
Llegamos a La Calzada en enero del 2001. Era invierno y aunque echaba de menos el sol de Colombia aquí al menos no llovían balas cazasindicalistas.
Siendo medio-indio, como me dicen algunos amigos culomoyaos, era curioso que algunas calles del barrio llevaran los nombres de los conquistadores que tantos indios mataron en Nuestra América: Hernán Cortés, Pizarro, Magallanes, Núñez de Balboa, Pinzón… a un barrio con tantas luchas y solidaridades esos nombres… no le pegan mucho.
Al llegar al barrio notamos que al contarle a la gente mayor los horrores de la guerra colombiana nos respondían que aquí pasaron cosas similares y se formaba un debate entre el paisanaje que empezaba a gritos y terminaba en cagamentos.
Hace siete años no se podía hablar de temas como la república y la dictadura. Ahora tampoco. En estos días cuando los medios hablan de que se abrirán fosas comunes donde fueron enterrados los republicanos, se evita el asunto. “Eso fue cuando Pacho, y persiguieron a mucha gente” me contó con detalle un calderero felguerino, conocedor de varias artes, hombre solidario y jubilado del naval. Las explicaciones se compartieron, entre manchao y manchao, con otros republicanos canosos en las bodegas del barrio, evitando entrar en polémicas.
El barrio por esos días tenía menos niños. Cuando por un instante nos hacía un guiño el sol, algunos pocos abuelos y abuelas sacaban los críos al parque.
Algunos días hubo más perros que niños, más ladridos que risas y gritos.
Algunas tardes los vecinos bajaron en procesión por la calle Pizarro convocando a oponerse a la instalación de antenas para la telefonía móvil, pero donde más se juntaba la gente era en los bares para seguir el fútbol y en las sidrerías. O para hablar del atraco en los precios con la llegada del euro. La gente ahora sí se sentía europea, sobre todo en los bolsillos. Lo que valía cien pesetas pasó a valer 166, por las narices, sin que la peña protestara por fuera de los bares.
Durante estos años he visto que llega gente de otros sitios del mundo y no hay problemas en el barrio por eso; se asume la inmigración con naturalidad, a pesar de los alaridos de la emisora de los curas. Ahora hay más niños, más alegría en los parques, más vidilla en las casas. También mejores instalaciones públicas, para salud, deportes, servicios ciudadanos.
Las gaviotas se fueron ¿para dónde se van?, las palomas aumentaron, y entre una cosa y otra nos han ido edificando los praos por arriba del parque Lauredal, por todo el Cerillero y hacia Puente Seco. Cada vez hay menos espacio verde alrededor, cada vez hay menos gente joven con capacidad de hacerse a una vivienda de esas, cada vez queda menos del precioso valle de Jove y su caleyas.
Cada vez hay más pisos nuevos y más coches, también hay menos movidas en las calles, contra las guerras por ejemplo, hay mujeres que expresan su rechazo a la violencia de género pero sobre todo hay menos luchas obreras.
Hace unos seis años eran cotidianas las movidas de los obreros de los astilleros por Cuatro Caminos y por la vía al Musel y por el Natahoyo. Les hicieron un par de películas a su resistencia ejemplar y luego vino la paz social por resignación, pienso yo, pues una pancarta reciente a la entrada del astillero sigue reclamando soluciones.
La calzada es un barrio abierto, los colombianos refugiados decimos que es el más internacional de los barrios de la ciudad más abierta de Asturias; acogedor, sin el acartonamiento rancio que transpira la muy noble y muy leal ciudad de Oviedo; aquí se escucha a personas que hablan caló, rumano, ruso, inglés, polaco y llingua en los chigres. La gente fala más asturianu y está más orgullosa de hacerlo. Ese reencuentro afirma sus raíces, los hace más espontáneos, es muy bacano -decimos en Colombia- oírles hablar en la lengua de sus abuelos, aunque a veces no les entendamos.
Tal vez los hechos sociales más importantes de nuestro barrio este año sean el nacimiento de guajes y guajas de distintos tonos de piel y la ocupación de las instalaciones de la colchonería Flex por un grupo de jóvenes inquietos que quieren ofrecerle con sus manos al barrio un espacio para la cultura, el debate, el palique, conocido como espacio Reflexon.
Están pensando en los demás, en su gente, en los temas importantes del mundo y de la ciudad. Con ellos no cabe fustigar diciendo que los jóvenes pasan de todo… no es cierto, la gente mayor que luchó por tantas cosas es la que está pasando de ir a ese lugar acogedor, donde puede contar las pequeñas y grandes batallas que son parte de un legado que no puede perderse.
Hemos pensado en volver a Colombia. Pero la cosa allí no mejora. Siguen matando trabajadores, campesinos, indígenas, opositores al sistema mafioso que impusieron los viejos ricos latifundistas y los nuevos ricos por el narcotráfico, y las transnacionales…
Esa realidad fue entendida por mucha gente del barrio, por la familia política y por algunos que ya no están entre nosotros, como el luchador Manuel Hevia Carriles y por otras personas que nos brindan su solidaridad, un saludo, una sonrisa, una opinión, cuando salimos por sus calles a repartir octavillas, trozos de nuestra realidad para compartir en esta Calzada donde la gente dice “voy pa’xixon”, cuando se sube al bus, reafirmando que La Calzada es Xixón y también es… otra cosa.
Soygra
24 oct 2008 | 09:01 PM
Cuando, en Buenos Aires, mi ex pareja y yo pensamos en emigrar a España, nos contactamos con un amigo nuestro, también argentino, que vivía en Gijón desde hacía unos doce años. Buscábamos ayuda, pero sobre todo información: poco sabíamos acerca del país, más allá de que había toros que no se mataban para comerlos en el asado del domingo.
Nuestro amigo, dueño de una tienda de comestibles en La Calzada, nos habló de Asturias, de Gijón, del barrio.
Poco antes de decidir nuestro traslado a esta ciudad, a fines del 2001, yo todavía me relamía pensando que por fin conocería los famosos turrones de... Gijona.
La mayoría de los conocidos que, como nosotros, pensaban en venirse a España, ponían proa hacia Valencia, Barcelona o Madrid. Pero nuestro bote salvavidas tenía un agujero muy serio: no contábamos con papeles ni esperanza de conseguirlos, porque no éramos hijos de españoles. Vivir en ciudades grandes, donde seríamos perseguidos como "irregulares", quedaba descartado para nosotros. El botecito hacía agua; había que achicarla, porque además de nosotros dos, dentro venía nuestro bebé de un año.
Nuestro amigo nos convenció de que aquí la falta de permisos no sería un problema: podríamos trabajar, alquilar vivienda y, sobre todo, no vivir mirando de reojo temiendo encontrarnos con un uniforme que nos deportase.
Llegamos a La Calzada directamente desde el aeropuerto, en abril del 2002. Dos días después, alquilábamos un departamento en la calle Brasil, a dos pasos del mar. En mi caso, era la segunda vez que emigraba de Argentina: la primera —muchos años atrás— también me había llevado a una ciudad con ruido de olas. Como en aquella ocasión, el mar me dejaba creer que mi gente no estaba tan lejos: quizás algún caracolito del Arbeyal conociera mis pagos.
Se hace difícil contar los primeros tiempos. Muchas imágenes se sobreimprimen: los asturianos, repitiendo una y otra vez que mi acento les gustaba —"Pero, ¿cómo? ¿De verdad le gustamos a alguien los argentinos?"—; los pocos chicos y los muchos viejos —me asombraba lo impecables que siempre veía a los bebés. Llegué a pensar, viéndolos jugar en el parque sin ensuciarse, que, como los hornos, eran autolimpiantes. Y de los viejos me fascinaba su porte: iban erguidos, las espaldas rectas, caminando como en mi país sólo lo hace la gente mucho más joven—.
Todo me provocaba ganas de mirar, probar, escuchar. Al principio, me costaba entender el habla de los asturianos: en ocasiones, para cmprender lo que me decían, debía leerles los labios. La primera vez que alguien se dirigió a mí con un "No, home, no...", creí que, como yo llevaba el cabello recogido, el pobre se había confundido. Solidariamente, le aclaré: "Mire que soy mujer, ¿eh?"
La Calzada me "compró" desde el primer día: no era sólo el mar al ladito, ni el hecho de tenerlo todo a mano —para un porteño, no verse obligado a viajar una hora y media para ir a cualquier parte es algo que de por sí le mejora la vida—, y ni siquiera la generosa hospitalidad, en general, de su gente. Eran los paseos por Jove, a la caída de la tarde, empujando el cochecito de mi hijo, deteniéndome a cada rato para creérmelo, porque tanto verde, tanto mar, tanto ocre de la montaña, tanto pico nevado al fondo, y la luz —esa luz intensa de cielo nublado que en ningún otro sitio conocí— no cabían en los ojos.
Hoy vivo en El Cerillero, con mi hijo que ya es un hombretón de siete años y medio, amante de la fabada y del dulce de leche —siempre que no se los sirvan juntos—, y que cuando se enfada un poco exclama "Jó, che...". Un hombrecito que conoce cada piedra del barrio, porque a los dos nos apasiona "patearlo" de arriba a abajo.
Asturias, Gijón, La Calzada me dieron la posibilidad de trabajar, de poner en marcha afectos, de "agarrarme" fuerte para que el nordeste no me lleve a otros sitios, al menos mientras este país y yo sigamos disfrutando de este "cambiar cromos": España y yo nos mostrarnos cómo es cada una de nosotras y qué nos gusta y qué odiamos y qué nos fastidia y qué miedos tenemos, y qué esperanzas. Y yo me doy, o me presto, y ella me da y se presta, y llevamos casi siete años llenando el álbum.
Mientras tanto, mi hijo crece. Se embadurnó con plastilina y barro en el cole Zorrilla; escondió bajo una almohada en El Cerillero su primer diente caído; se alzó la camiseta en la consulta del doctor Andrés —querido doctor— en la calle Oriental, para mostrar sus marquitas de rubeola; lloró la pérdida de su viejo tobogán en el parquecito del Zorrilla, pero se consoló aprendiendo a montar en bici en El Lauredal; la biblioteca del Ateneo es para él casi un cuarto más de nuestra casa...
¿Cómo no querer al barrio, si se nos fue metiendo así, calladito, sin prisa, debajo de la piel?
Serxu Solares
27 oct 2008 | 08:58 AM
Presumo de ser de La Calzada, sin lugar a dudas mi vida está completamente vinculada con el barrio, la primera parte de ella la pasé en los límites con Santolaya y en aquellos tiempos viví situaciones en casa y en las de mis amigos con muchos problemas con el empleo y el desarme de buena parte de la industria. Recuerdo como si fuese hoy como llovian las pelotas de goma en el patio del colegio durante las movilizaciones de Trefilerias de Moreda, hoy convertida en un gran espacio público, tambien desaparecieron del entorno, astilleros, fabrica de oxigeno, la casera y ves como poco a poco el barrio se transforma, pierde aquel caracter industrial por uno mas residencial, y como los parques sustituyen a las fábricas. La Calzada es un barrio lleno de recuerdos, cuando jugabamos al futbol en la Playa l'Arbeyal y luego pasabamos por la fabrica de la casera a que nos dieran alguna botella para reponer fuerzas, aquellas inundaciones, buenos momentos de niño, de adolescente y ahora de adulto. Participe en la recuperación de las fiestas del barrio, tras muchos años sin ellas, volvimos a tener en el campo de rugby y el prau de la ferrera unos festejos dignos de este barrio, con conciertos como El de Nuberu y fuegos artificiales de gran éxito, desgraciadamente no pudieron seguir, no habia capacidad económica para ello. Pero todo de alguna manera en la vida sigue caminando, tambien protagonicé el primer programa n'Asturianu de la TPA, en la que hice un recorrido por el barrio de mi infancia desde el colegio a la antigua fábrica de la Cerveza La Estrella, pasando como no podia ser de otra manera por ese Ateneo, repleto de historias (http://es.youtube.com/watch?v=X6Hbfk9EVR8). Mi última vinculación por el momento con La Calzada, fue una que termina ahora, como Coordinador del Distritu Ueste del PSOE de Xixón, desgraciadamente mis obligaciones profesionales, me separan de todo esto y me hace vivir no solo fuera del barrio si no tambien de mi Asturies, pero tengo claro que siempre seré de La Calzada, el barrio que me vio nacer, crecer y al que siempre estaré vinculado para intentar que sea un poco mejor.
Participantes clases de lengua española del CISE
29 oct 2008 | 01:57 PM
Me llamo NDEYE SOKNA LÔ SEYE, tengo 16 años, vengo de Senegal.
Vivo en la Calle América del Sur.
Llegué a La Calzada en enero de 2008
Soy española. Nací en Gijón, pero cuando tenía 2 años me llevaron a Senegal con mi madre, a vivir con mi hermano mayor. Después mi madre regresó a Gijón. Con 16 años volví a Gijón, para estudiar y buscar trabajo.
En la Calzada me encuentro bien. Tengo una amiga española, que vive aquí. Salgo con ella todos los sábados por la tarde, a pasear.
Yo no se si ha cambiado el barrio, porque llevo poco tiempo en Gijón, pero mi padre dice que ahora está mejor porque antes estaban peor las calles. Pero ahora no hay mucho trabajo.
Ahora estoy aprendiendo español en el CISE y hago un curso de Carpintería en FOREM. Me gustaría encontrar un trabajo.
La Calzada me gusta, porque está muy bien y hay mucha gente tranquila.
Participantes clases de lengua española del CISE
29 oct 2008 | 02:05 PM
Me llamo VALDINEI. Tengo 30 años. Vengo de Brasil.
Llegué a España en verano de 2008. Y vivo en La Calzada porque mi pareja ya vivía antes aquí.
He venido para buscar trabajo y tener mejores condiciones de vida. Allá en Brasil apenas si hay trabajo.
El barrio me parece que está bien. Tiene servicios de todo tipo, de salud, colegios, está bien asfaltado y hay parques.
Ahora estoy estudiando español, para tener más oportunidades
Mi esperanza es encontrar un trabajo que me permita vivir bien en Gijón. Cuando consiga mis papeles, creo tendré más posibilidades.
Participantes clases de lengua española del CISE
29 oct 2008 | 02:06 PM
Llegué al barrio de La Calzada el 29 de Noviembre de 2007, para trabajar.
Vengo de Senegal. Tengo 28 años
Vivo en La Calzada, porque aquí viven amigos de Senegal.
Me encuentro poco bien, porque aquí no hay el trabajo que yo buscaba. No hay un trabajo para mí.
Yo no se como era antes. Como yo lo veo que no hay evolución, todo como cuando llegué. No me ocurre nada especial en La Calzada.
Ahora estudio español, quiero aprender para encontrar trabajo.
Mi futuro es quedar a trabajar, si tengo papeles. Si yo no tengo papeles, creo tendré que volver a mi país o no se. Porque entonces yo no se si tendré un trabajo.
Participantes clases de lengua española del CISE
29 oct 2008 | 02:06 PM
Me llamo DJILY FALL. Tengo 23 años. Vengo de Senegal.
Llegué a Gijón en Octubre de 2007. Vine porque buscaba trabajo y me quedé en la Calzada, porque tengo amigos que viven aquí, en el barrio.
Aquí me encuentro bien, pero me gustaría tener trabajo.
Todos mis amigos con los que vivo son de Senegal, pero ahora también tengo amigos españoles, que viven en Gijón, en La Calzada y en otros barrios.
Yo no vi como ha cambiado el barrio. Pero mi profesora de español me dice que antes había fábricas, astilleros, empresas de metal, fundiciones. No había Centro de Salud, ni Centros municipales, había menos colegios y parques y las calles se han arreglado. También las casa eran más viejas. Que antes había mucha gente obrera. Ahora yo veo que hay muchas tiendas, bares, sidrerías y cafeterías. Yo pienso que me gusta más como era antes, porque había trabajo para la gente.
Participantes clases de lengua española del CISE
29 oct 2008 | 02:08 PM
Me llamo Omar Ndiaye nací el 12-3-1978 soy de Senegal.
Llegué al barrio de La Calzada en octubre de 2006. Vivo en un piso con unos compañeros y me dedico a la venta de ropa y bolsos.
Llevo viviendo aquí dos años y tres meses.
El barrio lo veo bien, nunca tengo problemas con la gente, tengo muchos amigos, cuando voy por los bares a vender ya me conocen.
El futuro está mal porque no hay mucho trabajo, se vende muy poco y yo quiero trabajar para ayudar a mi padre y a mi familia.
Como vecino La Calzada es un barrio tranquilo no tiene problemas pero me gustaría que tuviera más seguridad. Estoy muy a gusto en él
Participantes clases de lengua española del CISE
29 oct 2008 | 02:09 PM
Me llamo Mbaye Fall , tengo 24 años, soy de Senegal.
Llegué al barrio de la Calzada 2006. Vivo en un piso con unos compañeros y ahora trabajo en la construcción.
El barrio está bien.
El futuro está mal, estoy esperando hacer un contrato de trabajo.
susana
30 oct 2008 | 05:25 PM
¡¡¡¡ Que tengo que decir de la calzada!!!!! pues nada que es mi barrio. Yo llegué a la La Calzada cuando tenia 1 año hoy tengo 37, vine con mi familia desde la cuenca del nalón, por mi padre que vino a trabajar a lo que era Uninsa y aquí nos quedamos y fué la mejor elección que tuvo mi familia, hoy día mis padres todavía viven aqui mi hermana y yo.
A mi modo de ver La Calzada durante estos años es un barrio abierto, participativo yo diría que ningún barrio de gijón se le puede igualar, siempre hay un montón de gente en la calle que es lo que me choca de este barrio, con sus tiendas, etc...Del barrio que era entoncés y al que es ahora ha cambiado de varias cosas su playa, nuevas viviendas pero lo que más siento que lo que era un barrio industrial se ha perdido, yo es lo que echo en falta esa industria que es lo que realmente define a un barrio y sus gentes.
Julio Ramos García
31 oct 2008 | 05:09 PM
Ya va para cuatro años que vinimos a vivir a La Calzada,concretamente a las conocidas popularmente como "cases de La yenka". Soy de Oviedo pero llevo treinta años en Gijón. Primero en La Arena,después en El Coto,más tarde en la calle Instituto,luego en Marqués de San Esteban y finalmente espero que esta sea la última parada de un ya largo viaje,aunque núnca se sabe, confieso que no me importaría porque este barrio tiene casi todos los ingredientes sociales,culturales y lúdicos que uno puede esperar. Digo casi todos porque es cierto que la decadencia industrial y la incipiente crisis empiece a dejarse notar particularmente en el empleo. Me gusta el barrio,entre otras cosas,por su particular idiosincrasia alimentada por la diversidad de procedencia de sus gentes y por una acusada personalidad que la covierte en una especie de república independiente dentro del municipio de Gijón. También me sale de forma natural lo de "voy a Gijón" cuando voy al centro y voy p'al barrio cuando vuelvo. Mi mujer,Inés,ya conocía bien el barrio.Su familia y ella misma habian venido de Portugal en los años sesenta,como tantos otros,en busca de una mejora en sus condiciones de vida,como otros ahora,como siempre ha sucedido y sucederá, los ricos no emigran,viajan. Vienen tiempos dificiles y seguro que los habitantes de La Calzada tendremos oportunidad de recuperar y poner en práctica valores ,tal vez en desuso,que forman parte de la historia y la memoria del barrio,la solidaridad y la fraternidad. Estaría escribiendo un poco más,pero por hoy ya está bien. Os dejo con unos versos que escribí para una canción hace años y que aunque hablan de Gijón,en su conjunto,bien se pueden atribuir a La Calzada como paradigma de los valores a los que me referí anteriormente.
Desde La Campa Torres se te vislumbra
inquieta y palpitante entre la bruma
piel de arena y asfálto bajo la lluvia.
De siémpre es conocida tu rebeldía
y en tiempos de galerna fué tu bahia
refugio de los sueños y la utopía.
Gijón,esa ciudad sin puertas libre y mestiza
Xixón,abierta y generosa como una amiga
Gijón,si es justa ni una causa das por perdida
Xixón,seguro que mañana también será un gran día.
Salúd.
Juan José Palacios
3 nov 2008 | 06:00 PM
Me llamo Juan José Palacios Helguera, 61 años, nacido en Sama de Langreo en el año 1947.
Llego al barrio de La Calzada en 1972, con mi mujer embarazada de nuestro primer hijo y casi recién casados. Vivíamos en Mieres pero la reconversión siderúrgica en Langreo hace que tengamos que trasladarnos a vivir a Gijón. Residimos en la calle Las Barcas en el Cerillero hasta el año 1990, que fue cuando nos mudamos a vivir a la calle Camino del Cortijo en el Natahoyo. Yo considero seguir viviendo en "el barrio" pues para mi siempre empezó donde termina Marqués de San Esteban (zona Poniente) y termina en el alto del Cerillero.
En La Calzada me encuentro como si hubiera nacido aquí casi desde el primer día, y no lo cambio por ninguna otra parte para vivir.
Este era un barrio como casi todos los de Gijón, que por no tener no tenía ni un solo banco, no tenía apenas aceras y las calles estaban sin asfaltar y sin apenas alumbrado. No había parques ni jardines, ni ambulatorios, ni farolas, ni farmacias, etc; pero con el tiempo y la lucha de algunos vecinos, unos de aquí y otros que como yo vinimos de las cuencas y otros lugares, conseguimos lo que hoy es a mi entender uno de los mejores barrios de Gijón. Hoy en día está tan cambiado que si me lo llegan a pintar así como está en 1972 no me lo hubiera creído ni en los mejores sueños.
Ya sé que podría ser mejor, pero para eso se necesita seguir luchandoy sobre todo necesitamos a una AVV que tire por ciertos carros. Por ejemplo, soterramiento de las vías hasta Veriña, luchar porque no nos pongan la regasificadora, etc.
Hoy, ya jubilado, espero poder seguir disfrutando lo que me quede de vida en este que es mi barrio y en el cual tengo innumerables amigos.
Un abrazo a todos.
Pinón.